10 de oct. de 2012


La exposición ya ha abierto sus puertas. Esperamos que el trabajo de todo el equipo del Museo sirva para que nuestros visitantes puedan disfrutar y aprender algo más sobre el exotismo de Gauguin y sus sucesores.

Sus SS. MM. los Reyes, S.A.R. la Infanta Doña Pilar y la baronesa Thyssen-Bornemisza junto a todo el equipo del Museo en la inauguración de “Gauguin y el viaje a lo exótico”, que coincidió con la celebración de nuestro 20 aniversario.

A partir de ahora vosotros entráis en escena. ¡No os lo perdáis!

Paloma Alarcó y Marta Ruiz del Árbol


8 de oct. de 2012

Presentación a la prensa


 ¡Al fin llegó el día de presentarlo a la prensa!


El departamento de comunicación lleva tiempo atendiendo a los periodistas y críticos que, desde antes del verano, han mostrado su interés por el proyecto. Pero la labor de Goico, Gema, Botoa y Lucía no se limita a responder a las solicitudes de información: su labor proactiva de difusión de nuestros proyectos es imprescindible para que el trabajo de nuestra institución se de a conocer.


Su convocatoria reunió a gran número de medios que, tras escuchar a la Baronesa Thyssen, Guillermo Solana y Paloma Alarcó en la conferencia de prensa, accedieron a las recién instaladas salas de la exposición. Fueron los primeros en visitarlas y en dar su opinión al respecto. 

 



4 de oct. de 2012

Montaje

Ya están instaladas en nuestras salas la mayor parte de las obras de la exposición. Para nosotras, las comisarias, son los momentos más emocionantes. Después de la larga espera, llega el día de poder ver todas esas pinturas juntas, dialogando unas con otras y construyendo el discurso del proyecto.


En esta ocasión la preparación del espacio expositivo ha sido muy laboriosa. Aprovechando que la exposición Hopper se presentó en la planta baja de la colección permanente, Alberto y todo su equipo del Área de Mantenimiento, han realizado varias reformas. Los techos se han levantado, la iluminación se ha modificado y las superficies de las paredes han sido reparadas a fondo. El color dorado de la luz del Pacífico es el tono elegido para la pintura, combinado con algunos módulos de una exótica rafia vegetal.

Cada cuadro tiene un lugar estratégico para dialogar con los demás y permitir que el visitante vaya estableciendo comparaciones y avanzando en el recorrido de la exposición. Los encargados de colgarlas, Santiago y Miguel Angel, nuestro equipo de Montaje, ayudados por Roberto y Luis, se coordinan para medir, taladrar e instalar cada obra según los requerimientos de los prestadores o las necesidades de seguridad. Nada se improvisa, su carro está pensado milimétricamente para dar solución a todas las vicisitudes. Su profesionalidad y eficacia sorprende a todos los “correos” internacionales que acompañan las obras.  
Cuando las obras ya están colgadas, llega el turno de la señalización. Vicente, Pedro, Fernando y Alex, coordinan con Sanchez / Lacasta y Museográfica el diseño, producción y colocación de todos los soportes que anuncian nuestra exposición, tanto en el exterior como en el interior del museo.





3 de oct. de 2012

Luces, cámara, ¡acción! Filmamos la producción del catálogo

Paralelamente a la organización de la exposición el Área de Publicaciones se ha encargado de la producción del catálogo que acompañará la muestra.  

Primera escena: tras recibir hace meses los distintos ensayos, Catali y Ángela los editaron concienzudamente antes de pasárselos al estudio Sánchez / Lacasta para ser maquetados. Mientras tanto, el material fotográfico iba siendo enviado a la fotomecánica Lucam para su tratamiento y ajuste de color. Después de varias lecturas de los textos por parte de las editoras y conservadoras y tras la aprobación de las pruebas de color de las imágenes, hace unas semanas quedó todo listo para la impresión y encuadernación.


En estas imágenes podemos ver las sofisticadas máquinas offset de Artes Gráficas Palermo imprimiendo los grandes pliegos que, una vez supervisados por sus técnicos, acabarán siendo plegados, cortados y encuadernados en los talleres de Encuadernación Ramos.




El viernes, antes de que la exposición se presente a la prensa, podremos por fin tener en nuestras manos los primeros ejemplares recién salidos del horno.
















1 de oct. de 2012

¡Ya están aquí!

¡Ya están aquí! Las cajas que contienen las obras incluidas en Gauguin y el viaje a lo exótico empiezan a llegar a Madrid procedentes de museos y colecciones privadas de países como Estados Unidos, Alemania, Suecia o Israel. Falta poco para poder verlas instaladas en nuestras salas. El estreno de la exposición será el próximo 9 de octubre.



Atrás quedan muchos meses de trabajo de Marián que, desde el Área de Registro, ha coordinado los complicados trámites que permiten que las todas las piezas en préstamo viajen a Madrid desde sus lugares de origen.




Tras un día de aclimatación, las obras son desembaladas por los operarios de la empresa de transporte (en este caso se trata de SIT) y examinadas con todo detalle por los restauradores del museo en presencia de un representante del prestador (que en la jerga de museos llamamos “correo”). Una vez evaluado su estado de conservación están listas para subir a la sala de exposiciones y ser colgadas…


¿Quieres conocer más detalles? ¡Pues estate atento!

31 de ago. de 2012

Tahití y Gauguin. Un viaje a la Polinesia francesa


¿Qué buscaba Paul Gauguin cuando en 1891 decidió abandonar Europa y embarcarse rumbo a los Mares del Sur? ¿Qué encontró en los confines del mundo que transformó su pintura para siempre? Viajar a Tahití y las Islas Marquesas en busca de las huellas de Gauguin es el deseo de todos aquellos que alguna vez se han interesado por la obra del artista francés. Gracias al apoyo de Tahiti Tourisme, pudimos rememorar su huida y trazar un recorrido por Tahití e Hiva Oa que fue fundamental para el desarrollo de nuestra investigación.


Nuestro viaje tras las huellas de Gauguin comenzó en la isla de Tahití, lugar en el que el artista entró en contacto con la cultura tahitiana y donde residió durante dos periodos de su vida (1891-1893 y 1895-1901). A pesar de que el crecimiento demográfico y la industrialización han cambiado algunos de los parajes salvajes que el pintor describió en sus cartas y escritos, pronto sentimos como nuestras las palabras del artista que, tras su llegada afirmaba: “Todo en el paisaje me deslumbraba y me cegaba”.


Gauguin: Te Vaa, 1896 (Hermitage)

Un siglo después, el viajero siente que la naturaleza lo domina todo y se cuela en el visitante por cada uno de sus poros. Colores intensos y nuevas fragancias, se unen a la belleza del mar y las escarpadas montañas del centro de la isla. El viajero cree poder reconocer en aquellos paisajes, los fondos de muchas de las pinturas del artista: la laguna, protegida por el arrecife de coral, el perfil de la vecina isla de Moorea, la frondosa vegetación …      
 


En Atuona, la capital de Hiva Oa en las Islas Marquesas, segunda parada de nuestro viaje, rememoramos los últimos años de vida del pintor (1901-1903). La pequeña población cuenta con una reciente reconstrucción de la Maison de Jouir (Casa del Placer), la casa-taller que Gauguin edificó siguiendo las costumbres locales y en la que pasó largas temporadas debido a su maltrecha salud. También visitamos la misión católica, con la que mantuvo tantos enfrentamientos, y el cementerio, donde se halla su tumba. 
Como seguramente hizo Gauguin para visitar a su hija, atravesamos la isla. El tortuoso camino de tierra nos llevó hasta Puamau, en el extremo este, donde aún hoy viven los descendientes del artista. La travesía nos descubrió el lado más salvaje de este archipiélago, el más alejado de las grandes masas continentales. El mar bravo llega con fuerza hasta la costa, formada en su mayor parte por fuertes rompientes y donde sólo pequeñas bahías sirven de refugio a pequeños poblados.

Gauguin, Mata mua, 1892
(Colección Carmen Thyssen)
Nuestro destino final era Iipona, muy cerca de Puamau, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de toda Polinesia. Todos los mitos y leyendas del pueblo maorí parecen cobrar vida en este marae, situado en un claro de la selva. Este complejo sagrado, nos trajo de nuevo a la memoria al artista francés y su deseo de perpetuar pictóricamente el legado cultural de este pueblo de tradición oral. El gran tiki que preside el lugar bien podría ser una imagen de Hina, la diosa a la que bailan las figuras de nuestro Matamua.



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El viaje a Tahití y sus Islas fue posible gracias al acuerdo de Tahiti Tourisme y el Museo Thyssen-Bornemisza. A partir del 19 de octubre estará a la venta el Cuaderno de viaje. Tahití y Gauguin en el que proponemos un recorrido gauguiniano por la Polinesia Francesa. Por otro lado, el Museo Thyssen-Bornemisza ofrece a los Amigos del Museo en su programa Viajar al cuadro un viaje a Tahití y las Islas Marquesas para el este otoño, guiados por Guillermo Solana, Director Artístico del Museo.

Paloma Alarcó y Marta Ruiz del Árbol

23 de jul. de 2012

Lecturas exóticas para el verano

Exotismo significa evasión, utopía, éxtasis, voluptuosidad, aventura. Nada más literario y nada más tentador para dejar que nuestra imaginación viaje durante el verano.

  
Robert Louis Stevenson y su familia
en la isla de Upolu en Samoa

En el ya clásico ensayo El postimpresionismo. De Van Gogh a Gauguin John Rewald empieza el capítulo dedicado a “Gauguin en Tahití” con una mención al escritor escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894), que llegó a Polinesia en junio de 1888, tres años antes que Gauguin. El autor de La isla del tesoro, a quien los nativos apodaron Tusitala (el cuentacuentos), terminó sus días en Vailima, en la isla de Upolu (Samoa). Su crónica En los mares del Sur (1890), que rebosa rasgos exóticos, nos sumerge en la vida de los habitantes de estas islas que esconden un pasado caníbal.  


Muchos, casi todos, relacionan a Herman Melville (1819-1891), con la legendaria fábula de Moby Dick, pero muy pocos saben que en su juventud el escritor estadounidense llegó a la isla de Nuku Hiva a bordo del ballenero Acushnet y terminó en manos de una tribu caníbal. Esta aventura iluminó sus dos primeras novelas, Taipi, una narración de los Mares del Sur (1846) y Omoo (1847). Otro norteamericano, Jack London (1876 - 1916), autor de obras tan emblemáticas como La llamada de la selva o Colmillo blanco, nos traslada a tierras desconocidas en sus Cuentos de los Mares del Sur (1911), escritos a su regreso del Pacífico. Desde la primera línea, el poder visionario de todas estas historias, protagonizadas por indígenas, aventureros, pescadores, sirenas nativas, o bailarinas, atrapan nuestra fantasía.

Si nos trasladamos a la órbita francesa nos encontramos que lo que prolifera en la literatura de ambiente exótico es el rousseauniano mito del buen salvaje. Ya en el siglo XVIII Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre (1737-1814) se valió de este mito para criticar el modelo de sociedad occidental en Paul et Virginie, ambientada en isla Mauricio.

Lo mismo podría decirse de la visión romántica e idealizada de Tahití que nos ofrece Rarahu. El matrimonio de Loti, del escritor y eterno viajero Pierre Loti (1850-1923). Esta novela, que desde el momento de su publicación en 1882 se convirtió en todo un bestseller, jugó un papel esencial en la decisión de Gauguin de elegir la Polinesia como lugar de destino. También le sirvió de inspiración al pintor para algunos pasajes de Noa Noa, su narración novelada de los primeros años en las islas.


En este contexto no se puede dejar de mencionar los Viajes extraordinarios de Jules Verne (1828–1905), un repertorio de libros de viajes y aventuras, que mezclan realidad y ciencia ficción y ofrecen una visión anticolonialista de los viajes de exploración realizados en el último tercio del siglo XIX.

Algo más extraño es el caso del escritor simbolista Marcel Schwob (1867-1905). El autor de Vidas imaginarias, conmocionado por la lectura de La isla del tesoro, de Stevenson, viajó a la isla de Upolu para visitar su tumba. Su Viaje a Samoa es el diario de esa experiencia. Escrito en forma de cartas a su esposa, la actriz parisiense Marguerite Moreno, no sólo describe las peripecias de esa insensata aventura a través de Djibouti, Ceilán o Melburne, sino muy especialmente la desilusión que le produce la isla y sus gentes y lo absurdo de retornar sin haber visto la tumba de su héroe.

Como no podía ser de otro modo la vida de Gauguin, el que huyó a lo más profundo de Polinesia para vivir como un salvaje, sirvió de inspiración a más de una novela. El escritor inglés Sommerset Maugham (1874-1965) en La luna y seis peniques, publicada en 1919, cuenta la vida del pintor Charles Strickland, que no es otro que el propio Gauguin. Para entonces el pintor, fallecido unos cuantos años atrás, ya se había convertido en todo un personaje de leyenda.
En fecha reciente el Nobel Mario Vargas Llosa escribió El paraíso en la otra esquina (2003), una crónica novelada que entrelaza la vida del Gauguin y la de su abuela Flora Tristán, anarquista y pionera luchadora por los derechos de la mujer y de la clase obrera. En ese mundo de búsqueda de utopías que fue el siglo XIX, ambos comparten el anhelo de encontrar el Paraíso y la felicidad.

Pero no debemos olvidar que lo exótico también esconde episodios amargos. En El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad (1857-1924) cuando Marlow encuentra finalmente a Kurtz, cuya imagen ha ido mitificando mientras remontaba el rio Congo, descubre que se trata de un personaje misterioso, enfermo, al que los nativos idolatran, pero que parece haber caído en una locura bestial. ¿No nos recuerda esta historia al propio Gauguin? Lo que en un principio prometía ser un viaje a los orígenes, a una Arcadia sin tiempo, ¿no terminó siendo para él un descenso a los infiernos? Sin duda en los trópicos, el Paraíso y el abismo están muy próximos.
Paloma Alarcó

10 de jul. de 2012

La imagen gráfica de la exposición

¿Puede una imagen englobar toda una exposición? ¿Cómo transmitir visualmente las aspiraciones escondidas tras el título de nuestro proyecto Gauguin y el viaje a lo exótico?
El estudio Sánchez/Lacasta, colaborador habitual del museo, es el encargado de materializar este desafío. Su diseño de portada e interior de catálogo, folletos o señalización, hace uso de las imágenes icónicas de Gauguin y lo une a un sistema de rotulación que evoca la idea del viaje y del comercio de ultramar. Esta tipografía, la stencil, remite a las letras estarcidas utilizadas antaño para identificar embalajes, baúles, contenedores y sacos.


¿Quieres conocer más detalles? ¡Pues estate atento!
Marta Ruiz del Árbol