31 ago. 2012

Tahití y Gauguin. Un viaje a la Polinesia francesa


¿Qué buscaba Paul Gauguin cuando en 1891 decidió abandonar Europa y embarcarse rumbo a los Mares del Sur? ¿Qué encontró en los confines del mundo que transformó su pintura para siempre? Viajar a Tahití y las Islas Marquesas en busca de las huellas de Gauguin es el deseo de todos aquellos que alguna vez se han interesado por la obra del artista francés. Gracias al apoyo de Tahiti Tourisme, pudimos rememorar su huida y trazar un recorrido por Tahití e Hiva Oa que fue fundamental para el desarrollo de nuestra investigación.


Nuestro viaje tras las huellas de Gauguin comenzó en la isla de Tahití, lugar en el que el artista entró en contacto con la cultura tahitiana y donde residió durante dos periodos de su vida (1891-1893 y 1895-1901). A pesar de que el crecimiento demográfico y la industrialización han cambiado algunos de los parajes salvajes que el pintor describió en sus cartas y escritos, pronto sentimos como nuestras las palabras del artista que, tras su llegada afirmaba: “Todo en el paisaje me deslumbraba y me cegaba”.


Gauguin: Te Vaa, 1896 (Hermitage)

Un siglo después, el viajero siente que la naturaleza lo domina todo y se cuela en el visitante por cada uno de sus poros. Colores intensos y nuevas fragancias, se unen a la belleza del mar y las escarpadas montañas del centro de la isla. El viajero cree poder reconocer en aquellos paisajes, los fondos de muchas de las pinturas del artista: la laguna, protegida por el arrecife de coral, el perfil de la vecina isla de Moorea, la frondosa vegetación …      
 


En Atuona, la capital de Hiva Oa en las Islas Marquesas, segunda parada de nuestro viaje, rememoramos los últimos años de vida del pintor (1901-1903). La pequeña población cuenta con una reciente reconstrucción de la Maison de Jouir (Casa del Placer), la casa-taller que Gauguin edificó siguiendo las costumbres locales y en la que pasó largas temporadas debido a su maltrecha salud. También visitamos la misión católica, con la que mantuvo tantos enfrentamientos, y el cementerio, donde se halla su tumba. 
Como seguramente hizo Gauguin para visitar a su hija, atravesamos la isla. El tortuoso camino de tierra nos llevó hasta Puamau, en el extremo este, donde aún hoy viven los descendientes del artista. La travesía nos descubrió el lado más salvaje de este archipiélago, el más alejado de las grandes masas continentales. El mar bravo llega con fuerza hasta la costa, formada en su mayor parte por fuertes rompientes y donde sólo pequeñas bahías sirven de refugio a pequeños poblados.

Gauguin, Mata mua, 1892
(Colección Carmen Thyssen)
Nuestro destino final era Iipona, muy cerca de Puamau, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de toda Polinesia. Todos los mitos y leyendas del pueblo maorí parecen cobrar vida en este marae, situado en un claro de la selva. Este complejo sagrado, nos trajo de nuevo a la memoria al artista francés y su deseo de perpetuar pictóricamente el legado cultural de este pueblo de tradición oral. El gran tiki que preside el lugar bien podría ser una imagen de Hina, la diosa a la que bailan las figuras de nuestro Matamua.



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El viaje a Tahití y sus Islas fue posible gracias al acuerdo de Tahiti Tourisme y el Museo Thyssen-Bornemisza. A partir del 19 de octubre estará a la venta el Cuaderno de viaje. Tahití y Gauguin en el que proponemos un recorrido gauguiniano por la Polinesia Francesa. Por otro lado, el Museo Thyssen-Bornemisza ofrece a los Amigos del Museo en su programa Viajar al cuadro un viaje a Tahití y las Islas Marquesas para el este otoño, guiados por Guillermo Solana, Director Artístico del Museo.

Paloma Alarcó y Marta Ruiz del Árbol